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Cómo elegir un gestor de ventanas · 2007-12-17 20:45 by Francisco

¡Otro nuevo artículo de “cómo elegir”! ¡Qué original! :)

A ver: ¿qué es un gestor de ventanas? A los usuarios de sistemas *nix esta pregunta probablemente no les pillará de sorpresa: la oferta es tan variopinta, que podríamos reirnos de las guerras religiosas sobre editores de textos. Básicamente, se trata de la forma de interactuar el usuario con un ordenador en un sistema gráfico 2D. Más o menos.

Esta clase de entornos se dividen en dos grandes grupos: los escritorios y los gestores de ventanas. Los primeros tratan de proporcionar una interacción más completa con el ordenador, permitiendo recorrer los directorios (“carpetas”) de las unidades de almacenamiento; así como asociar aplicaciones a determinados tipos de ficheros, para así poderlos “abrir”. Los segundos se conforman con ser meros sistemas para abrir, cerrar, mover y redimensionar ventanas (normalmente con algún tipo de minimización o conversión a icono); y posibilitar la ejecución arbitraria de aplicaciones. Sobre qué tipo de sistema es más práctico, podrían escribirse tratados enteros; pero al final, probablemente la conclusión sería: “depende”.

Está claro que un usuario ocasional o simplemente no experto en ordenadores preferirá un sistema en el que lo pueda hacer todo sin tener que teclear (¡no saben lo que se pierden!); mientras que un usuario más experto probablemente le saque un partido extra al ordenador tecleando (sin perjuicio del uso de un escritorio). Para los que preferimos la simplicidad se hicieron los gestores de ventanas avanzados. Pero no adelantemos acontecimientos.

Mi evolución ha sido en parte impuesta por la peculiar cronología de los entornos gráficos en Linux, en parte condicionada por otras circunstancias. He repetido entorno, incluso en más de una ocasión, y la historia ha quedado más o menos como sigue.

Cuando, después de cinco años (y medio) de usar un ordenador con 8088, pude finalmente tener uno con un i386, lo primero que pensé era: “es un desperdicio NO tener *nix aquí”. Sin embargo, lo único que le pude poner fue el versátil DR-DOS. Esto ocurría a finales de 1991. Dos años más tarde, llegó hasta mis manos Linux (la ya difunta distribución SLS). Pero con 4M de memoria, era usarlo en modo texto, o no usarlo. “Bien, eso no es problema”, pensé. Y gracias a esto, pude hacer parte del Proyecto de Fin de Carrera de la Licenciatura en casa. En la Universidad lo desarrollaba en una estación de trabajo Sun SparcStation 1, con procesador SPARC a 25MHz (era más rápido que mi i386 a 33MHz; hasta que lo aceleré a 40MHz, claro) y 8M de memoria. Aquí sí que podía usar un entorno gráfico, y era OpenLook sobre SunOS 4. Por cierto, el compilador de C del bicho debía de ser anterior al de K&R…

Cuando pude ampliar la memoria de mi ordenador, disfruté en casa del X Window System, y mi primer gestor de ventanas fue (¿lo adivináis?) OpenLook. La sensación (de acuerdo, causada por la novedad) fue de tener en mis manos un entorno profesional. ¿No lo iba a ser? Era el mismo de las estaciones Sun que le habían costado a la Universidad un millón de pesetas de la época… Bueno, no del todo. El mío tenía escritorios virtuales: era el olvwm. Desde entonces, este ha sido uno de los requisitos básicos en cualquier gestor de ventanas o escritorio que he ido elegiendo.

Según iba cambiando de versión (o de distribución) de Linux, se ampliaban los horizontes. Después de un efímero escarceo con twm, pasé a FVWM, cuyo parecido con el también profesional MWM de *nix (realizado con las bibliotecas gráficas Motif) me confirmó la sensación de estar ante un sistema “de verdad”. El hecho de que Motif fuese de pago ocasionó que no saliesen muchas (si existían) aplicaciones en el “mundo libre”, por lo que hasta la llegada de OpenMotif la cosa quedó en mera compatibilidad visual, que no funcional.

FVWM dio lugar a una serie de desarrollos que aún siguen hoy en día, con diferentes aspectos y funcionalidades. Uno de ellos es AfterStep, que originalmente se basa en el código de FVWM y originalmente trata de imitar el aspecto de NeXTStep. A día de hoy, no es ni lo uno ni lo otro, habiendo creado un camino seguido por varias generaciones de gestores conocidos como la familia *box (Blackbox es el original, seguido por otros como Fluxbox, Openbox, etc). Pero no fue AfterStep quien me tentó, sino WindowMaker

En efecto, durante una buena temporada estuve usando este fantástico gestor de ventanas, haciendo ocasionales (aunque dilatadas) digresiones hacia otros sistemas distintos. En tales momentos descubrí Xfce, cuya intención original parecía ser la de ser ligero y proporcionar un entorno parecido al del CDE, la nueva encarnación de los sistemas gráficos para *nix. Con el tiempo, Xfce ha evolucionado hasta convertirse en algo más parecido a un escritorio tradicional, para ventaja de sus usuarios y menor ligereza del entorno. Como siempre, hay un compromiso.

Un proyecto prometedor llamó mi atención algo más tarde: KDE. Por aquel entonces no era mucho más que un juguete inestable, pero ya desde un principio “apuntaba maneras”, hasta el punto de que con el tiempo se ha convertido en uno de los escritorios más sólidos y mejor integrados que hay en el mundo libre. Esa fue mi “primera vez” con un entorno de escritorio en Linux: descubrí que yo no necesitaba un entorno de escritorio. Vuelta a WindowMaker.

Un gran aliado en esta fase fue XOSD, pues me permitía conocer diversos estados en la pantalla. He de decir que traté de poner en funcionamiento el entorno y algunas aplicaciones (GWorkspace, GNUMail) de GNUstep, pero no me acostumbré a algunons detalles del entorno así formado (laboriosa migración del correo incluida). Eso sí: impresionante la integración entre aplicaciones gracias al sistema de servicios: una aplicación anuncia los servicios que tiene para que las demás las usen, aunque no se conozcan de nada. Fantástico. Y todo basado en tecnología de 1989, que es el mérito. No en vano, a pesar de lo que muchos creen, Java no hereda de C++ sino sólo la sintaxis. Casi toda la semántica está calcada del proyecto rival, Objective C, en el que está escrito GNUstep (como NeXTStep).

Anduvo el tiempo y debido a algunas limitaciones de WindowMaker, probé otros entornos. De los varios que tuve ocasión de experimentar, Openbox fue el que más me gustó. Configuré teclas para las aplicaciones y operaciones de ventanas más usadas. XOSD, de nuevo, me facilitó la vida. Hasta que me decidí a probar enlightenment.

Este gestor de ventanas, aspirando en su versión 17 (la que probé) a convertirse en entorno completo, tiene muchas cualidades, de las que me gustaría destacar que (en su momento) era el sistema más innovador; y que parte de las tecnologías que para él se han desarrollado se usan fuera de él (especialmente en lo que a tratamiento de imágenes se refiere). La experiencia (compilaciones aparte) fue bastante positiva. Pero cuando tuve que ponerme al día en mis habilidades como Administrador de Sistemas, me detuve a estudiar Solaris (ya por su versión 10), y entonces descubrí con cierta sorpresa que su entorno de trabajo (JDS) está basado en Gnome.

Hasta aquel día, en la batalla de los escritorios había preferido KDE a Gnome por diversas razones. Finalmente, parecía que tenía que enfrentarme a Gnome (la otra opción “oficial” de Solaris era CDE, más ligero, más feo, vía muerta). Me decanté por dejar las cosas como estaban y procurar empaparme de la experiencia. Hasta lo llegué a poner en mi portátil con Linux. Incluso (para que veáis hasta qué punto quería “integrarme” yo con el sistema) migré todo mi correo a Evolution e intenté hacerme con el manejo del procesador de textos de OpenOffice. Pero la lentitud del primero y la incomodidad del segundo (¡demonios, emacs+LaTeX, el combo invencible, es considerablemente más confortable para mí!) me hicieron desistir de continuar con el proceso. Aún así, la integración de cosas como NetworkManager (estupendo para las conexiones WiFi) y la facilidad con la que se accedían a unidades compartidas en red me hizo no sólo tenerlo en casa sino, y sobre todo, en el trabajo. Hasta hace poco.

Me harté. Me harté de la lentitud (relativa en algunos casos). Me harté de cargar con el resto del entorno. Me harté del aspecto. Me harté del parecido con *indows (razonable si vienes de ese entorno, pero ¡si yo nunca he sido usuario de *indows, sino ocacionalmente y por obligación!). Me harté de esto y de aquello. Y volví. A WindowMaker. Una vez más.

Sí, amiguitos, el mundo libre está de enhorabuena, pues hay entornos de escritorio y gestores de ventanas para elegir. Yo he elegido (de nuevo) WindowMaker, y estoy contento con la elección. Rápido, sencillo, elegante. Pulso una tecla y de manera casi instantánea tengo un terminal para teclear. O un editor. Y con sólo pulsar sobre el fondo de la pantalla, tengo acceso a mis aplicaciones más usadas. O a un lanzador de aplicaciones donde teclear su nombre. ¿Se puede pedir más? Sí: que se pueda instalar WindowMaker en Solaris .

Desde entonces, con la ayuda de wmclock, docker (para usar nm-gnome-applet) y wmwifi hacen de mi configuración un entorno ligero y eficaz. ¡Bravo! Tal vez me vuelva a animar a poner la última versión de GNUstep. Entonces ya os contaré. Hasta entonces, no olvidéis cerrar las ventanas al salir :)

  1. Es muy importante la distinción entre minimizar e iconizar ventanas. La costumbra de presentar las aplicaciones en una barra de tarea ha aniquilado el concepto de iconización, que es más potente y da más juego.

    Bea era especialmente productiva en CDE, sólo a base de iconizar ventanas y colocarlas estratégicamente en los distintos escritorios virtuales… a pesa rde que todas las aplicaciones iconizadas eran o terminales o editores de texto.


    Juan Lupión    2007-12-18 14:51    #
  2. Ah, la maestría en usar un entorno. Productividad en estado puro. Sí, yo también creo que lo de la iconización merecería un respeto que los profanos no tienen. En cuanto a CDE, si siguiera manteniéndose y tuviese un aspecto un poco más actual, se llevaría de calle a más de un entorno gráfico. Porque, además de lo pintoresco, el asunto de los cajones es práctico, muy práctico. Se pueden tener agrupadas las aplicaciones por temas y sin mancillar el escritorio.


    Francisco    2007-12-18 22:34    #
  3. Yo me inicié con fvwm, fui pasando por algunos hasta llegar a KDE. Me pareció cómodo, y aunque realmente apenas uso sus características como entorno de escritorio, tampoco se interponía en mis costumbres. Abro varias consolas de texto, lanzo las aplicaciones más frecuentes desde el panel inferior (que se auto-oculta para no molestar), y el resto las lanzo con Alt+F2.

    Realmente para hacer esto me valdría igualmente cualquier otro entorno/gestor. Pero como tampoco me voy a molestar en usar sus características particulares, ¿pues para qué cambiarme?

    Bueno, sí, tal vez tenga alguna motivación. Algún día que tenga tiempo (ejem) quiero revitalizar mi viejo Saryon-V (K6II 350MHz, 384MB de memoria, i740, 8+3GB de discos duros). Actualmente lo tengo degradado con un sistema inoperativo Win98 y se merece un sistema operativo de verdad.

    Tomo nota de OpenBox.


    lbf    2007-12-21 14:29    #
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