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Linux: ¿ha acabado la revolución? · 2007-03-30 19:03 by Francisco

Leo un artículo en Linux Watch, y veo que la forma de llamar la atención al público es poner un titular catastrofista y saturar el texto de sentencias que más se parecen a las judiciales que a las del mero aforismo.

No sé exactamente por dónde empezar. Si leemos el artículo, vemos que se afirma que los sistemas operativos basados en Linux como producto de una comunidad (libre e independiente, se entiende) ha muerto en favor de versiones motivadas por intereses puramente comerciales (que, sin embargo, pueden ser a la vez de código abierto y de uso gratuito). ¿Qué hay de cierto en todo esto? ¿Cuáles son sus consecuencias?

El mundo real es un poco más complicado que una simple división en cosas que o son blancas, o son negras. Incluso el conocido símbolo taoista llamado taichi tiene una parte oscura y una parte clara, en cada una de las cuales hay un círculo del otro color: ambos aspectos de la realidad son interdependientes, y no hay manera de separarlos.

De igual forma, que exista una comunidad motivada por principios ideológicos de libertad es, a la vez, inevitable e imprescindible. Pero que todo sistema tiene un límite a su propia autoexpresión y autocomprensión es un hecho insalvable. ¿Qué quiere esto decir? Que la comunidad de los programas libres no tiene todas las respuestas, como tampoco la tienen las empresas que producen programas propietarios (controladores y formatos cerrados aparte).

¿Cómo puede realizarse una fusión creativa entre ambos principios? No parece fácil, ¿verdad? Digamos que una empresa contrata a uno o más desarrolladores claves para que sigan haciendo lo mismo que hasta entonces, pero recibiendo por ello una compensación económica. A cambio, desarrollarán siguiendo cierta orientación alineada con las necesidades de los clientes de esa empresa. ¿Convierte este hecho a los desarrolladores e impulsores de este movimiento en traidores? Sólo una visión muy estrecha de los hechos y muy apartada de la realidad puede interpretar así las cosas. A fin de cuentas, se trata de personas que tienen sus necesidades: tanto los desarrolladores que comenzaron voluntariamente, como los clientes de la empresa, así como el resto del personal de la misma.

Se podría arguir que una vez que se firma un contrato, se pierde libertad. Y eso puede ser cierto en alguna medida. Pero por otra parte, sin dinero, no se puede trabajar en proyecto alguno. Los voluntarios lo hacen en sus ratos libres, que podrían dedicar a otras cosas, a otras aficiones o a su familia. Así pues, ¿qué mejor oportunidad para uno de estos (o estas, que también las hay) brillantes desarrolladores para continuar la labor que tan amorosamente han iniciado que hacerlo en sus horas de trabajo? Nadie podrá reprochárselo. Yo, desde luego, no lo haré.

Aunque claro: las empresas tienen ánimo de lucro (aunque sólo sea para poder pagar algo más que los sueldos y los gastos) y pueden no inspirarse en los principio de los programas libres. ¿Cómo evitar esto? No parece fácil o posible. Pero una vez que una empresa sigue el desarrollo de un programa cuyo código es necesariamente abierto dada la licencia con que se ha publicado, ese programa sigue siendo libre y abierto. Se contribuye automáticamente a la comunidad, aunque no fuera ese su objetivo. Las licencias víricas como la GPL obligan a ello. Un ideal respaldado por una licencia, cuya versión 3 promete ser aún más fuerte a la hora de evitar el cierre de código que fue anteriormente abierto.

Todo esto oculta un motivo práctico más profundo e incontestable: las empresas, sus clientes, el mundo, necesitan sistemas estables, fiables y versátiles. Y esto se consigue en este caso mediante distribuciones comerciales (aunque puedan ser, insisto, de código abierto y libre distribución) que cumplan esos mismos requisitos, en beneficio de sus usuarios.

Entonces, ¿han muerto los sistemas operativos basados en Linux? No. ¿Ha acabado la revolución? Tal vez. ¿Qué nos queda ahora? La única respuesta natural.

La evolución.

  1. Personalmente yo también lo veo como una evolución, pero creo que la revolución no ha terminado.

    El software libre es primordial para que la sociedad pueda acceder al conocimiento de manera “libre”.

    Es cierto, que las empresas necesitan tener beneficios y es un lujo que un desarrollador que ya se dedicaba a teclear código en sus ratos libres lo haga ahora en su trabajo y reciba beneficio por ello. Las empresas no son santos quieren lucrarse pero eso no es malo mientras se siga respetando la libertad en el código.

    Muy buen post.


    jose    2007-03-31 12:17    #
  2. La coexistencia entre iniciativas libres y comerciales se ha venido dando en el mundo Linux desde hace años (quizá Red Hat fueron los pioneros), en general con buenos resultados (también los ha habido malos, como en todo, pero la selección natural ha puesto a la mayoría en su lugar: el olvido). Quizá cada vez queden menos distribuciones libres, pero esto no supone la extinción de la iniciativa libre.

    Como bien dices, entre el blanco y el negro hay lugar para muchos matices.


    lbf    2007-04-02 21:34    #
  3. Digamos en que en general, todas las revoluciones (tecnológicas y sociales) comienzan con grandes cambios para luego estabilizarse. De ahí lo de la evolución a que hacía referencia.

    Pero sin duda, el código abierto y los programas libres son una necesidad social. Y si alguien quiere hacerse su propia distribución, va a seguir pudiendo hacerlo.

    Muchas gracias por vuestros comentarios.


    Francisco    2007-04-05 11:45    #

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Tiendas de ingeniería mecánica, al fin en tu ciudad Europa, a salvo de las patentes sobre programas informáticos (de momento)